Durante los últimos meses, el equipo de LAC4 ha realizado una serie de entrevistas en las que las participantes compartieron sus experiencias en el programa, reflexionando sobre lo que las motivó a postularse, cómo están viviendo este proceso y las metas que aspiran a alcanzar al finalizarlo. Sus testimonios también resaltan la importancia de iniciativas como esta para fomentar el conocimiento, abrir oportunidades y promover la inclusión de las mujeres en el ámbito de la ciberseguridad.
Her CyberTracks: más que un programa de formación
Para la mayoría de las participantes, Her CyberTracks ha sido más que un programa de formación, ha representado la oportunidad de dar un paso decisivo en sus carreras y de integrarse a una comunidad de mujeres que están moldeando el futuro de la ciberseguridad. Lo que inicialmente las atrajo fue el fuerte enfoque del programa en empoderar a las mujeres en un sector donde la representación sigue siendo escasa. “Formar parte de un movimiento que promueve la participación femenina en un sector tan dominado por hombres fue una gran motivación para mí”, señaló Laura Díaz, quien subrayó cómo la diversidad puede impulsar soluciones más innovadoras.
Otras participantes se sintieron motivadas por la manera en que el programa combina la formación técnica con perspectivas más amplias que a menudo se dejan de lado. “Era raro encontrar un espacio donde se pudieran discutir en conjunto aspectos técnicos, legales y humanos de la ciberseguridad”, comentó Natalia Riveros, destacando lo crucial que resulta en sectores como el energético, donde un solo incidente digital puede tener consecuencias de gran alcance. Para participantes que ya trabajaban en ciberseguridad, como María Agustina Echaniz, la motivación fue mantenerse actualizada: “Era la oportunidad perfecta para refrescar mis conocimientos, adquirir nuevas herramientas y conectar con otras profesionales igualmente apasionadas por este campo.”
Para aquellas con experiencias en otros ámbitos profesionales, el programa también ofreció una vía para trasladar ese conocimiento al ecosistema de la ciberseguridad. La especialista en telecomunicaciones Lucía Daniela García, por ejemplo, lo vio como una forma de responder mejor a los casos de fraude y robo de datos que enfrenta a diario, mientras que la funcionaria pública Jhoycy Santos valoró la posibilidad de fortalecer sus capacidades para contribuir de manera más efectiva a las políticas de seguridad digital.
Al mismo tiempo, muchas destacaron la dimensión personal de su motivación: la necesidad de ganar confianza y de visualizar nuevas oportunidades de carrera en un campo dominado por hombres. “El programa me dio herramientas técnicas, pero también la confianza para ver cómo mi experiencia podía aportar valor”, reflexionó Laura Díaz, añadiendo que formar parte de un movimiento para reducir la brecha de género fue tan importante como el conocimiento técnico adquirido.
A lo largo de diferentes trayectorias y experiencias profesionales, las participantes compartieron una motivación común: la convicción de que la ciberseguridad ya no es una preocupación de nicho, sino un campo que impacta en todos los sectores y en cada ciudadano. Her CyberTracks les brindó la oportunidad de fortalecer sus habilidades, ampliar sus perspectivas y unirse a una red de apoyo formada por mujeres comprometidas con la construcción de sociedades digitales más seguras e inclusivas.
Una experiencia de aprendizaje diversa: más allá de lo técnico
Ya casi terminando su experiencia en el programa, las participantes describen Her CyberTracks como un recorrido altamente enriquecedor que ya superó sus expectativas. Los módulos en línea no solo proporcionaron conocimientos fundamentales sobre análisis de riesgos, protección de datos, gobernanza y gestión de incidentes, sino también la posibilidad de conocer cómo se aborda la ciberseguridad desde distintos perfiles profesionales en la región. “La experiencia ha sido sumamente enriquecedora. He adquirido conocimientos fundamentales sobre análisis de riesgos, buenas prácticas en protección de datos y desafíos globales en seguridad digital”, comentó Bianca Benítez, quien además valoró la oportunidad de aprender de mujeres con trayectorias diversas.
Para muchas, uno de los aspectos más reveladores ha sido descubrir roles y prácticas que antes desconocían. Yualliana Clames enfatizó la importancia de aprender sobre las Digital First Responders y cómo limitan los daños durante un incidente, mientras que Jhoycy Santos encontró particularmente revelador el módulo sobre informática forense: “Aprendimos cómo se aplican las mejores prácticas en la vida real y por qué este conocimiento es esencial para trabajar en ciberseguridad.” Otras destacaron los módulos de gobernanza, subrayando lo esencial que es ir más allá de lo técnico. Como reflexionó Natalia Riveros, la formación “te obliga a ver la ciberseguridad como un asunto de decisiones, comunicación y responsabilidad compartida.”
Más allá del contenido técnico, las participantes resaltaron de manera consistente el valor de establecer conexiones, tanto mediante el trabajo en grupo como a través de la mentoría. María Agustina Echaniz subrayó la importancia de interactuar con compañeras y tutoras, mientras que Laura Díaz apreció que el programa no solo fortaleciera su conocimiento técnico, sino que también pusiera énfasis en el lado humano de construir una carrera en ciberseguridad: “Her CyberTracks va más allá de lo técnico. Cada módulo me ha dado conocimientos aplicables directamente, pero lo que más valoro es el enfoque en el desarrollo personal y profesional.” Para otras, como Lucía Daniela García, aprender sobre ethical hacking o procedimientos de respuesta a incidentes amplió sus horizontes y les brindó herramientas que esperan aplicar en su trabajo cotidiano.
De cara a la formación presencial en Santo Domingo, las expectativas son altas. Las participantes esperan fortalecer sus capacidades técnicas a través de talleres, profundizar la cooperación regional y poner en práctica lo aprendido hasta ahora. Como expresó Cecilia Benítez, reunirse en persona será una oportunidad “para adquirir experiencia en los talleres, fortalecer lazos con otras profesionales e inspirar a más personas, especialmente a niñas y mujeres, a ingresar al campo de la tecnología y la ciberseguridad.”
Comprendiendo los retos actuales de la ciberseguridad
Al ser preguntadas sobre los mayores desafíos actuales en ciberseguridad, las participantes señalaron una combinación de problemas estructurales, culturales y tecnológicos que están moldeando el panorama de la seguridad digital. Varias destacaron que, aunque las amenazas evolucionan a una velocidad sin precedentes, las organizaciones a menudo siguen sin estar preparadas, ya sea por falta de recursos, brechas de capacitación o estructuras de gobernanza insuficientes.
Para algunas, el principal reto radica en construir una verdadera cultura de seguridad digital. Como señaló Jhoycy Santos: “el eslabón más vulnerable en la cadena de seguridad sigue siendo el ser humano. Muchas veces se cuentan con herramientas y protocolos avanzados, pero los fallos humanas, derivados de la falta de conocimiento o de una pobre percepción del riesgo, terminan debilitando todo el sistema.” Jhoycy también subrayó la necesidad de promover la sensibilización continua y de implementar prácticas de comunicación accesibles que conviertan la seguridad en una responsabilidad compartida en todos los niveles de una organización.
Otras señalaron la brecha de género y la falta de entornos inclusivos como obstáculos persistentes. Cecilia Benítez explicó que en Paraguay “es común que las mujeres y minorías en este sector enfrenten situaciones incómodas o incluso de acoso. Esta realidad desanima a muchas a seguir una carrera en tecnología. Para enfrentarlo, necesitamos educación y entornos laborales más seguros. Al crear espacios más inclusivos no solo combatimos la discriminación, sino que también enriquecemos el sector con una diversidad de talentos y perspectivas.”
Los cambios tecnológicos también fueron un tema recurrente. Laura Díaz destacó el creciente impacto de la inteligencia artificial, señalando que la IA representa tanto una amenaza como una oportunidad: los atacantes pueden automatizar malware sofisticado, pero los defensores también pueden aprovechar la IA para análisis predictivos y respuestas en tiempo real.
A pesar de la variedad de perspectivas, un hilo común atraviesa los testimonios: la ciberseguridad no se trata solo de medidas técnicas, sino también de personas, cultura y estrategia. Los desafíos actuales demandan no solo defensas más sólidas, sino también comunidades de práctica más inclusivas, preparadas y resilientes.
El rol de las organizaciones internacionales en abordar los desafíos de la ciberseguridad
Las participantes enfatizaron que las organizaciones e iniciativas internacionales, como la UE, la UIT y el Centro LAC4, tienen un papel crítico que desempeñar en la atención de los desafíos de la ciberseguridad, particularmente en América Latina y el Caribe. Muchas destacaron la importancia de reducir las desigualdades en el acceso al conocimiento, los recursos técnicos y la formación. Bianca Benítez señaló que “la UE, la UIT y centros como LAC4 pueden ayudar creando programas de formación adaptados al contexto latinoamericano, promoviendo buenas prácticas y apoyando con herramientas accesibles a gobiernos y organizaciones locales.” También subrayó la necesidad de seguir promoviendo iniciativas con enfoque de género, como Her CyberTracks, que empoderan a las mujeres para asumir roles de liderazgo en este campo crítico.
Varias participantes resaltaron el valor de la cooperación regional y del desarrollo de estándares comunes. Yulliana Clames explicó que iniciativas como LAC4 no solo fortalecen redes y visibilizan talento local, sino que también abren puertas para el desarrollo profesional en ciberseguridad. “Este tipo de espacios no solo empoderan, sino que también abren puertas para que más personas, y especialmente mujeres, se involucren activamente en la construcción de un entorno digital más seguro para todos”, añadió. De manera similar, Thais Paiva enfatizó la importancia de la colaboración, el acceso continuo a recursos actualizados y la promoción de la inclusión de mujeres y grupos subrepresentados.
Otras participantes hicieron hincapié en la necesidad de implementación práctica y experiencias aplicadas, más allá de las recomendaciones y marcos teóricos. Natalia Riveros reflexionó: “Sería de gran valor que las organizaciones apoyaran la creación de laboratorios de formación técnica y estratégica en la región, no solo para simular ataques, sino también para practicar la toma de decisiones en situaciones de crisis. Los aspectos técnicos importan, pero la capacidad de implementación colectiva lo es todo.”
Las participantes también subrayaron la importancia de la mentoría y de la construcción de comunidad. Laura Díaz compartió: “Desarrollar comunidades sólidas con mentorías efectivas es esencial. Un buen mentor puede transformar por completo la carrera de alguien, generando un impacto que va mucho más allá de lo individual.” De manera similar, Jhoycy Santos recalcó que los programas inclusivos crean entornos donde mujeres y grupos subrepresentados se sienten motivados y apoyados para seguir carreras en ciberseguridad.
Finalmente, varias conectaron estos esfuerzos con el objetivo más amplio de cerrar brechas en habilidades, representación y preparación. Cecilia Benítez destacó tres áreas clave en las que las organizaciones internacionales pueden marcar la diferencia: fomentar la cooperación entre países, apoyar el desarrollo de políticas y proporcionar programas de formación accesibles que preparen a profesionales tanto para los desafíos actuales como para los futuros en el sector. Gabriela Hernández añadió que programas como Her CyberTracks ejemplifican cómo este tipo de iniciativas pueden empoderar a las personas, fortalecer comunidades e inspirar soluciones desde una perspectiva regional.
En conclusión, Her CyberTracks demuestra que fortalecer la ciberseguridad en América Latina y el Caribe va más allá de las habilidades técnicas: requiere mentoría, colaboración y redes inclusivas. Al brindar a mujeres y grupos subrepresentados formación especializada, experiencias prácticas y oportunidades para conectar con sus pares, el programa empodera a las participantes para crecer profesionalmente mientras contribuyen a la resiliencia regional. Los testimonios resaltan que enfrentar eficazmente las amenazas digitales implica no solo conocimiento y estrategia, sino también apoyo comunitario y desarrollo de liderazgo. Iniciativas como esta desempeñan un papel clave en cerrar las brechas de género, fomentar la innovación y construir entornos digitales más seguros y equitativos en la región.
Las participantes de Her CyberTracks de América Latina y el Caribe se reunirán para la formación presencial en Santo Domingo, República Dominicana, del 6 al 10 de octubre de 2025.
Her CyberTracks está financiado por el Ministerio Federal de Relaciones Exteriores de Alemania y la Unión Europea y es co-implementado por la Deutsche Gesellschaft für internationale Zusammenarbeit (GIZ) y la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT), en asociación con el Programa Global sobre Ciberdelincuencia de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) para el CyberTrack de Justicia Penal y el Centro de Cibercapacidades de Latinoamérica y el Caribe (LAC4) para la región de América Latina y el Caribe. Más información sobre el programa.